Ciudad Santa de Nueva Jerusalén

Domingo 26 de noviembre de 2006

COLUMNISTA INVITADO

Cambio climático: el Sur puede proponer y exigir

Sabemos que el origen de la crisis del medioambiente está en el Norte y que vivimos los efectos particularmente en el Sur. Desde América latina debemos pensar vías de solución y generar consensos para lograr que se cumplan.

Ricardo Lagos. Ex presidente de Chile

Cada vez más voces se levantan para denunciar el peligro del cambio climático. He tenido oportunidad de escucharlas muy de cerca en el último mes, particularmente en la última reunión del Club de Madrid. Junto a 40 ex Jefes de Estado y de Gobierno de todos los rincones del mundo.

Allí, además de analizar detenidamente el futuro energético en el mundo y particularmente la forma de encarar el inevitable fin de la energía que utiliza combustibles fósiles, se analizaron las implicancias que, para el cambio climático, está teniendo el uso de las mismas.

El anhídrido carbónico que hoy en cantidades enormes todos los días afecta la atmósfera de nuestro planeta se multiplicará prácticamente por tres de aquí al 2050 si no se toman medidas. Si hoy tenemos los problemas que tenemos, de aquí al 2030, cuando se doble la cantidad, tendremos una situación prácticamente imposible de controlar.

Por ello es que el resguardo del clima y del medioambiente constituyen un ejemplo muy claro de lo que hemos denominado bienes públicos globales, esto es, aquellos bienes que nos cabe promover y resguardar entre todos y que tienen que ser objeto de un consenso global porque ningún país puede resolverlo por sí solo, porque representa un desafío planetario.

Es cierto que al entrar al siglo XXI lo hicimos dejando atrás la Guerra Fría, con nuevas tecnologías como las de la informa ción y la modernidad digital. Pero también lo hacemos con el costo del desarrollo que tiene desequilibrios profundos entre crecimiento económico y el resguardo del medioambiente.

Lo que hemos escuchado recientemente de Al Gore o del informe británico de Nicolas Stern nos evitan mayores comentarios.

Aquí, en el sur del mundo, sabemos las consecuencias de este cambio climático. En Punta Arenas y en otras zonas de Tierra del Fuego, se aprecia el debilitamiento de la capa de ozono, lo cual tiene efecto sobre la vida de la gente pues los rayos ultravioletas son más fuertes. Fue allí donde promulgué, en febrero de este año, la ley que reduce y/o prohíbe el consumo de sustancias que agotan la capa de ozono y de los productos cuya elaboración requiere el uso de dicha sustancia. Dije en Punta Arenas que les escribiría a los líderes del Grupo de los 8 para señalarles los compromisos de nuestra legislación frente al tema. Les planteé también qué medidas similares ellos podían proponer. Agregué que si algunos no desean ratificar el Protocolo de Kyoto, es necesario que expresen qué otra alternativa hay para enfrentar el tema. La respuesta a la realidad de hoy no es negarla, sino empujar desde cada país las acciones que permitan preservar el ecosistema del planeta.

Es cierto que en la lucha por recuperar la capa de ozono ha habido avances. Por ello, junto con traer esperanzas, también nos dice que en estos temas es la acción colectiva y el esfuerzo político conjunto del mundo global los que deben construir las respuestas. La globalización requiere reglas justas y claras, normas válidas para todos y ello es especialmente importante cuando hablamos de situaciones en cuyo origen no estuvimos, pero cuyas consecuencias padecemos.

Hemos tenido avances, pero tremendamente modestos y ahora, ante un documental con la fuerza del de Al Gore, no se puede quedar impasible ante el calentamiento global que ya provocó un deshielo en el Polo Norte por el cual se perdió 40 por ciento de ese helado territorio en 40 años. Por otra parte nos dice que muchas islas del Pacífico han tenido que ser abandonadas y que en Groenlandia hubo siete quiebres glaciares profundos en 1993 y treinta y dos en 2005, como consecuencia del mayor calentamiento. Y, junto con ello, dio referencias absolutas de cómo la evaporación de la humedad del suelo es una de las peores consecuencias generadas por esta crisis. Conclusión: si aumenta la temperatura continuará el deshielo.

En el informe de Stern, se hace un estudio económico de las consecuencias desastrosas que tendrá el no hacer nada, tanto respecto del consumo de agua potable, producción de alimentos, sanidad, medio ambiente, para no mencionar los millones de personas que sufrirán por la hambruna. Al presentar este informe, Tony Blair dijo: "no podemos esperar los 5 años que llevó negociar el Protocolo de Kyoto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Simplemente, no nos podemos dar el lujo de esperar".

Y hacer algo, nos dice Stern, obligaría a destinar sólo el 1% del Producto Bruto Mundial, para tener energías que no incrementen el calentamiento global, sino lo bajen a los niveles de 1970.

Pero todos sabemos que el origen de la crisis está en el Norte. Y vivimos los efectos particularmente en el Sur. Todo el planeta ha entrado en una fase donde la capacidad de articular respuesta con visión de futuro es esencial. Desde América latina debemos pensar cómo hacemos de este tema una de nuestras exigencias más contundentes para abordar en el reordenamiento que debemos dar al mundo global.

Debemos definir la calidad de la globalización por las respuestas que entrega al ser humano. No nos sirve una globalización donde hombres y mujeres quedan al margen de las estrategias que se diseñan para darle forma y contenido. No. El ser humano debe estar en el centro de dicha estrategia.

Copyright Clarín y Ricardo Lagos, 2006.

 

Sábado 18 de noviembre de 2006

REVISARAN EL PROTOCOLO DE KYOTO EN 2008

Tibio compromiso para enfrentar el cambio climático

NAIROBI. AFP Y DPA

Los delegados presentes en la Conferencia sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas acordaron ayer, en el último día de negociaciones, revisar en 2008 la puesta en práctica del Protocolo de Kyoto, con lo que sentaron las bases para la continuación del tratado.

Sin embargo, de ello no se desprenderían nuevos compromisos. Las organizaciones de defensa del medio ambiente dijeron que se trataba de "promesas vagas" y "acuerdos modestos". El Protocolo de Kyoto, que se propuso en 1997 reducir los gases que producen el efecto invernadero para el año 2012, no está firmado (entre los países ricos) por Estados Unidos ni Australia, y el cambio climático avanza con consecuencias impredecibles.

Unos 6.000 delegados de 189 países (firmantes y observadores) se reunieron en la conferencia de dos semanas para establecer las bases para el tiempo posterior al año 2012, cuando finaliza el primer período de compromiso previsto en el Protocolo.

El tibio acuerdo alcanzado ayer para revisar el tema en 2008 fue posible tras garantizársele a China que el proceso no negociaría reducciones inmediatas para países en desarrollo.

Delegados de los 162 países miembros del Protocolo aprobaron un calendario de conversaciones futuras que es improbable que produzca un nuevo acuerdo de reducciones antes del 2009.

Ante la creciente evidencia de un cambio climático generalizado (el último informe fue el del gobierno británico, con datos muy contundentes), ambientalistas calificaron el calendario de un paso apenas modesto.

Incluso algunos ministros de gobiernos expresaron decepción.

Existe la necesidad "de inyectar un mayor sentido de urgencia e impulso al proceso para reducir las emisiones globales", dijeron los ministros de Medio Ambiente de Alemania y Gran Bretaña, Sigmar Gabriel y David Miliband, en una declaración conjunta.

 

Jueves 16 de noviembre de 2006

LO DIJO ANNAN EN LA CUMBRE MUNDIAL DE MEDIO AMBIENTE

"El cambio climático no es ciencia ficción"

NAIROBI, KENIA. DPA

Kofi Annan, secretario general de la ONU, fue ayer al grano ante los delegados de todo el planeta que participan en Nairobi, Kenia, de la XII Conferencia sobre Cambio Climático: el mundo ha mostrado —afirmó— "una alarmante falta de liderazgo" en la lucha contra esa problemática. Y reclamó: "La conferencia de Nairobi debe enviar una clara señal de que los líderes políticos del mundo deben tomar en serio el cambio climático.

Automáticamente se le preguntó si se estaba refiriendo a los Estados Unidos (el mayor emisor del mundo de gases de efecto invernadero), pero Annan prefirió evadir la respuesta. Dijo que simplemente estaba exhortando a todos a actuar. "Quiero que los líderes del mundo muestren realmente coraje y que sepan que si lo hacen, su pueblo y sus votantes estarán con ellos", sostuvo.

Desde el pasado lunes 6 y hasta mañana se desarrolla en Kenia esta cumbre sobre cambio climático. Uno de los temas que se discuten —la delegación argentina está encabezada por la secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Romina Picolotti— es qué medidas se tomarán después de 2012, cuando expire el Protocolo de Kioto, que obliga a 36 países industrializados a retrotraer las emisiones de los seis gases más contaminantes a los niveles de 1990. Este protocolo no fue firmado por Australia y EE.UU, responsable del 25% de las emisiones mundiales.

El cambio climático es un fenómeno de calentamiento del clima que se está dando en todo el planeta. ¿Su causa? El efecto invernadero, generado por el aumento de emisiones de ciertos gases desde el siglo XIX. Ese cambio ya es palpable en el retroceso de glaciares, la disminución de nevadas y el aumento de sequías, huracanes y lluvias.

En su discurso de ayer, Romina Picolotti también se refirió a ese tema: "Es preciso establecer metas de reducción cuantificadas adicionales en el segundo período de compromiso. No debemos escatimar esfuerzos en promover la inclusión en el régimen de las partes de la convención que aún no son parte del Protocolo".

 

Domingo 12 de noviembre de 2006

COLUMNISTA INVITADO

El cambio climático es peor que cualquier guerra

El reciente informe Stern muestra de manera contundente los efectos devastadores del calentamiento de la Tierra. No se puede seguir dilatando la aplicación de un impuesto a escala mundial a los que contaminan.

Joseph Stiglitz*

El gobierno británico ha publicado el estudio más completo de los costos y los riesgos económicos del calentamiento del planeta y de las medidas que podrían reducir las emisiones de gases que provocan el efecto de invernadero.

El informe, dirigido por sir Nicholas Stern de la London School of Economics, enfatiza que ya no se trata de si podemos hacer algo contra el calentamiento del planeta, sino de si podemos darnos el lujo de no hacer nada.

El informe propone un programa cuyo costo sería equivalente a tan sólo el 1% del consumo anual, pero evitaría al mundo unos costos de riesgo cinco veces mayores. Los costos del calentamiento del planeta en él expuestos son mayores que en estudios anteriores, porque se tienen en cuenta las pruebas en aumento de que el proceso de calentamiento del planeta es sumamente complejo y no lineal, con la no desdeñable posibilidad de que avance mucho más rápidamente y su amplitud sea mucho mayor de lo que se había pensado antes.

De hecho, puede que ese estudio subestime los costos: por ejemplo, el cambio climático puede propiciar una variabilidad mayor del tiempo atmosférico, una posible desaparición o un importante cambio de dirección de la corriente del Golfo y un aumento de las enfermedades.
Cuando participé en 1995 en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático —el grupo científico que evalúa periódicamente los datos científicos sobre el calentamiento del planeta—, había pruebas abrumadoras de que la concentración en la atmósfera de gases que provocan el efecto de invernadero había experimentado un marcado aumento desde el comienzo de la Revolución Industrial y la actividad humana había contribuido a ello en gran medida, lo que tendría efectos profundos en el clima y los niveles del mar. Pero fueron pocos quienes vieron, por ejemplo, que la fusión del casquete de hielo del Ártico fuera tan rápida como ahora parece serlo.

Aun así, hay quienes dicen que, como no estamos seguros de cómo será el cambio climático, debemos hacer poco o nada. Para mí, la incertidumbre debe hacernos actuar más resueltamente hoy. El calentamiento del planeta es uno de esos casos poco comunes en que la comunidad científica siente más miedo de lo que puede estar ocurriendo que la población en general. Los científicos han vislumbrado lo que el futuro puede reservarnos.

Como señala el informe Stern, los pobres son, como de costumbre, los más vulnerables. Una tercera parte de Bangladesh quedará sumergida al final de este siglo. Las Maldivas y un gran número de Estados insulares del Pacífico desaparecerán: nuestra Atlántida del siglo XXI.
Para un economista, el problema resulta evidente: los contaminadores no están pagando el costo completo del daño que causan. Los países avanzados podrían no querer causar daño alguno a Bangladesh y las islas que desaparecerán, pero ninguna guerra podría ser más devastadora.

Se podría abordar este problema a escala mundial con un impuesto acordado globalmente, lo que no significa un aumento en la fiscalidad total, sino simplemente una sustitución en cada uno de los países de los impuestos actuales por un impuesto a la contaminación (por dióxido de carbono). Tiene mucho más sentido gravar lo dañino, como la contaminación, que lo positivo, como el ahorro y el trabajo.

Aunque el presidente George W. Bush dice que cree en los mercados, en este caso ha pedido medidas voluntarias, pero tiene mucho más sentido recurrir a la fuerza de los mercados —la de los incentivos— que depender de la buena voluntad, sobre todo en el caso de las compañías petroleras que consideran su único objetivo el obtener el máximo beneficio, independientemente del costo que represente para otros.

Se ha dicho que Exxon ha estado financiando supuestos grupos de expertos para socavar la confianza en los datos científicos sobre el calentamiento del planeta, del mismo modo que la industria tabaquera financió "investigaciones" para poner en entredicho la validez de las conclusiones estadísticas que mostraban la vinculación entre tabaco y cáncer.

La buena noticia es que hay muchas formas en las que mayores incentivos podrían reducir las emisiones. En parte, eliminando las miríadas de subvenciones de los usos ineficientes. En los Estados Unidos se subvenciona el etanol procedente del maíz y se grava el procedente del azúcar; ocultos en el régimen impositivo hay miles de millones de dólares de subvenciones a las industrias del petróleo y del gas.

Lo más importante es que las señales representadas por los precios que muestran los verdaderos costos sociales de la energía procedente de los combustibles fósiles fomentarán la innovación y la conservación. Pequeños cambios en los hábitos, al reproducirlos centenares de millones de personas, pueden entrañar una diferencia enorme. Por ejemplo, el simple cambio del color de los tejados en los climas cálidos para que reflejen la luz del sol o la plantación de árboles en torno a las casas pueden propiciar importantes ahorros de energía usada para el aire acondicionado.

Sólo tenemos un planeta y debemos conservarlo como un tesoro. El calentamiento del planeta es un riesgo que no podemos permitirnos el lujo de seguir desconociendo.

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2006.

*Economista, Universidad de Columbia. Premio Nobel de Economía

 

Jueves 9 de noviembre de 2006

DEBATE

No somos títeres del cambio climático

Para nuestra fortuna, la evolución económica está determinada no sólo por la disminución de los recursos renovables, sino también por la acumulación de conocimiento y el progreso tecnológico.

Jean-Paul Fitoussi*

Ninguna economía es un universo autónomo y cerrado, regido por reglas independientes de la ley, la moral y la política. De hecho, las preguntas económicas más interesantes se encuentran en la frontera con disciplinas cercanas. Sin embargo, en ningún ámbito es esto más claro que en la interacción entre procesos económicos y el ambiente natural.

La característica distintiva de esta interrelación es que está regida no por las leyes de la mecánica, sino por la termodinámica, en particular la ley de la entropía, según la cual la cantidad de energía libre que se puede transformar en trabajo mecánico disminuye con el tiempo, en un proceso irreversible que culmina en la "muerte del calor".

Numerosos investigadores, inspirados por los últimos trabajos pioneros de Nicholas Georgescu-Roegen sobre la relación entre los procesos económicos y la física, intentaron —sin mucho éxito— formular una teoría "entrópica" de la economía y la sociedad, especialmente en la década de 1970.

El punto de vista entrópico supone que los procesos económicos producen consecuencias irreversibles debido a sus múltiples interacciones con la naturaleza. Explotamos yacimientos de recursos naturales no renovables (por ejemplo, petróleo y metales) y deterioramos o modificamos la calidad de otros recursos (por ejemplo, el agua y la tierra arable), imponiéndoles un ritmo de explotación superior a su capacidad de regeneración.

De hecho, la explotación de los recursos no renovables desvincula la velocidad del crecimiento económico de la de la renovación ecológica, agravando el deterioro de la biósfera, lo que incluye cambios climáticos irreversibles.

La ley de la entropía nos recuerda que dejaremos a las generaciones futuras un patrimonio natural degradado, probablemente menos adecuado a sus necesidades que el que heredamos. Lamentablemente, no hay respuestas simples.

¿Apelando a qué principio podemos pedir a China o India, por ejemplo, que limiten su dinamismo económico y usen menores cantidades de los recursos naturales del planeta? Después de todo, el menor crecimiento de los países avanzados no es consecuencia de una autolimitación voluntaria, sino de un estándar de vida superior, y de nuestra incapacidad de solucionar nuestros propios desequilibrios económicos.

No podemos imponer un ritmo ecológico a pueblos que son más pobres que nosotros, cuando el mismo hecho de habernos liberado de tal ritmo es lo que nos hizo más ricos. La contracción económica, o incluso el estancamiento, tampoco es una solución para los países desarrollados, por una razón similar: implicaría que aceptamos las desigualdades actuales o imponemos un régimen que apunta a una redistribución igualitaria de los recursos. Estas opciones constituyen un cinismo insoportable o una utopía totalitaria.

Sin embargo, para nuestra fortuna, nuestra evolución está determinada no sólo por la entropía, sino también por la acumulación de conocimiento y el progreso tecnológico, proceso tan irreversible como la disminución de los recursos no renovables y la degradación de la calidad ambiental. En consecuencia, la economía es entrópica para los recursos e histórica para la producción, organización y difusión del conocimiento, y las perspectivas de sostenibilidad ambiental y económica radican en el espacio que queda entre estos dos procesos dinámicos: el nivel de crecimiento que escojamos debe estar basado en un nivel suficiente de conocimiento para asegurar la supervivencia del sistema.

Sin embargo, la naturaleza, como el conocimiento, es un bien público que requiere que se produzca una intervención del Estado en cantidades suficientes. La única manera de superar la finitud de nuestro mundo es mantener tanto espacio como sea posible entre la entropía y la historia, invirtiendo en educación e investigación orientadas a aumentar las fuentes de energía renovables, reducir la intensidad del uso de energía de nuestros estándares de vida y disminuir el ritmo de la erosión ambiental.

Es una creencia generalizada que una estrategia así sería inútil si el único efecto es permitir que otros se marginen de ella para enriquecerse. Sin embargo, si se concibe como el dominio de dos procesos dinámicos, la superación de las limitaciones ecológicas podría ser un factor de aceleración del crecimiento.

Copyright Clarín y Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 2006.

*ECONOMISTA, PRESIDENTE DEL OBSERVATORIO FRANCES DE COYUNTURA ECONOMICA

 

Miércoles 8 de noviembre de 2006

VALORES RELIGIOSOS: LOS CREDOS CONTRA LA CONTAMINACION

Ecología y religión

Daniel Goldman Rabino

Una historia rabínica relata que dos hombres discutían la propiedad de un lote de tierra, y ante el desacuerdo apelan a un sabio para dirimir el pleito.

El sabio colocó su oído sobre la tierra. Ambos contendientes preguntaron por qué, y él respondió que debía consultar a la misma tierra quién era su dueña. Y la tierra respondió que su dueño es su Creador.

Desde el punto de vista religioso, el relato nos confronta con uno de los dilemas que hoy acosan a la vida que habita el planeta, e involucra al futuro. El resguardo de la tierra y el problema ecológico.

¿Cuál es el papel del hombre como socio del Creador en la preservación del planeta? ¿Cómo debe el hombre religioso actuar ante el uso desenfrenado y destructivo de la tecnología y cuál es la responsabilidad de los líderes religiosos ante la inacción y el peligro de la destrucción de la tierra?

La curación de la tierra deberá ser una de las metas humanas más importantes de los próximos tiempos.

Con esta premisa, desde un enfoque macro-religioso, deberíamos compartir la traducción de elementos simbólicos y metafóricos que unan a los diversos credos para formar una conciencia esencial del problema, ocupando un espacio en ceremonias, ritos de pasaje, vida congregacional y familiar.

Además sería elemental la conformación de un gran mosaico de reflexión que contribuya a reunir una visión conjunta entre el avanzado conocimiento científico y la sabiduría espiritual, para aprender a vivir "con" la tierra y no sencillamente "sobre" ella.

De un modo u otro, las tradiciones religiosas han estado arraigadas a la tierra y a la naturaleza. Por ejemplo, la tradición judía comparte una visión agrícola-pastoral, en donde los ritos del ciclo del año entrelazan fuertemente la historia con la naturaleza. La práctica del descanso sabático, la creación del año sabático y del jubileo ahondan en la conciencia ecológica a partir de la noción de un necesario reposo de la tierra y de todo aquello que ha sido creado, exigiendo del hombre el mismo trato para sí y todas las formas de vida.

Y así como el judaísmo se relaciona con estos elementos naturales, otros credos se vinculan a la tierra como madre, o festejan los ciclos del sol y de la luna. Superando temores históricos, una visión compartida nos debería conducir a exponer la recuperación de estas categorías como parte de procesos locales y regionales, generando concientización del flagelo que nos aqueja.

A los símbolos y elementos naturales de cada una de las tradiciones religiosas deben sumarse encuentros de compromiso con el medio ambiente que estimulen, por ejemplo, la reducción del consumo de petróleo y su sustitución por elementos menos nocivos como la energía solar; o la creación de "un día sabático semanal" restringiendo el uso de nafta y otros contaminantes.

 

Martes 10 de octubre de 2006

Para los expertos, la lucha contra la desertificación está cada vez más ligada a factores políticos y económicos

Se estima que para 2100 un tercio del planeta será desierto, provocando desastres en toda la Tierra. Cuál es la situación en la Argentina y qué medidas hay que tomar para frenar otro fenómeno que tiene muchas causas, todas relacionadas al ser humano.

Fabricio Soza Especial para Clarín.com

Al planeta lo estamos "gastando" de a poco y esto preocupa desde hace mucho. Un informe de la Oficina Meteorológica de Reino Unido afirma que un tercio del planeta será desierto en el año 2100, agravado aún más por el efecto invernadero y siendo África el continente más afectado. Los datos son contundentes: el índice de sequía grave (actualmente en un 8% de la superficie terrestre) crecerá un 32%, mientras que el de sequía extrema subirá del 3% al 30%. La predicción para el próximo siglo indica que sufrirán millones de personas y el movimiento migratorio se acentuará a niveles increíbles.

Se estima que la desertificación afecta a más de un centenar de países y cada año se pierden millones de hectáreas de tierra productiva a nivel mundial. El fenómeno -nada tiene que ver con la extensión de desiertos actuales- es causado principalmente por variaciones climáticas y por la actividad humana como el cultivo, pastoreo excesivo, deforestación y la falta de riego. En el 2003 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró al 2006 como "año internacional de los desiertos y la desertificación", e instó al mundo a tomar conciencia del problema. En la Argentina, esto se hizo oír a través de la Ley 24.701 que insta a llevar adelante el Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación (PAN).

Nuestro país cuenta con el 75% de tierras áridas y semiáridas, muy propensas a que la actividad humana provoque su inutilidad . La Patagonia, el Noroeste, Cuyo, San Luis y parte de La Pampa, sufren desertificación en grado moderado a severo por exceso de pastoreo o por prácticas incorrectas en la agricultura. "El problema es serio. A nivel nacional el 20% del territorio está afectado por erosión eólica e hídrica, son más o menos 60 millones de hectáreas. En la Patagonia, por ejemplo, el 60% está afectado, pero en un 10% la pérdida es irrecuperable. Los territorios poseen un equilibrio que es fácil de romper, por falta de agua se vuelve difícil de recuperar, ya que el ecosistema no llega a reconstruirse", explica en charla con Clarín.com el director del Centro de Investigaciones de Recursos Naturales del INTA, Roberto Casas.

GTZ es una organización alemana que se encarga de apoyar el desarrollo del plan del gobierno, y trabaja a nivel nacional, provincial y local a través de ONGs y estaciones del INTA. Iris Barth, coordinadora y asesora técnica de GTZ en el plan de Desarrollo Sustentable en las Zonas Áridas y Semiáridas de la Argentina, afirma que "la situación es tremenda. La lucha contra la desertificación está ligada a la lucha contra la pobreza".

¿Cómo se frena? "No es un proceso fácil. Podemos empezar por tomar conciencia y ajustar la carga de pastoreo ovino a la receptividad de los lotes, es algo que no se ha hecho hasta ahora y por eso se rompió el equilibrio. Requiere de un proceso lento y de educación, pero es un camino que hay que recorrer", dice Casas. Y por su parte, Barth coincide en que "a nivel mundial tiene que ver mucho con lo económico y político. Estos procesos llevan mucho tiempo y a veces uno no tiene la paciencia, por eso es importante establecer una política respecto a esto. Nosotros hicimos mapas para distribuir en colegios, para ayudar a la concientización de los niños, pero no se trata solamente de eso o hacer canales de riegos, sino de ver la necesidad de la gente del campo, para que estas puedan ser realizadas en bien de las tierras y de ellos".

Científicos de todo el mundo se preguntan si alguna vez en la superficie desierta de Marte el agua fluía libremente... ¿será que la Tierra tiene destinada la misma suerte? En el mundo parece que lo que rige es la ley del dinero, pero cuando se escucha la frase 'tierras irrecuperables', hace pensar que no todo puede comprarse.

 

Martes 19 de septiembre de 2006

El oscurecimiento global: ¿un mal remedio para una grave enfermedad?

La teoría del calentamiento global es conocida y la vivimos todos los días con el cambio climático que genera. Sin embargo, en los últimos años se está hablando del "global dimming", una hipótesis que sostiene que en realidad el "tapiz" de contaminación del planeta bloquea la llegada de rayos solares y hace que la temperatura baje. ¿A quién creerle?

Lucía Bertotto. De la Redacción de Clarín.com

Hace mucho tiempo escuchamos hablar del efecto invernadero, un fenómeno por el cual el planeta aumenta su temperatura y cambia sus condiciones climáticas.

Sin embargo, desde 1989 existe otra teoría llamada "global dimming" ("oscurecimiento global"), que sostiene que menos cantidad de rayos solares están llegando a algunos sectores de la superficie terrestre, principalmente a los de las grandes ciudades contaminadas. Esto se atribuye a una especie de "tapiz" que recubre la atmósfera e impide el paso de un mínimo porcentaje de radiación solar, provocado por el material particulado emitido en la quema de combustibles fósiles - . En consecuencia, en esas regiones la temperatura, en lugar de aumentar todo lo debido por el efecto invernadero, lo estaría haciendo a una tasa menor. Este efecto "oscurecimiento" contrarrestaría el calentamiento global provocado por el efecto invernadero. O al menos eso podría pensarse.

La teoría fue planteada por el climatólogo japonés Atsumu Ohmura en 1989 y ratificada, entre muchos otros, por el profesor de Geografía y Geología de la Universidad de Wisconsin, David Travis en 2001. Pero, aún no ha sido aprobada por la comunidad científica debido a que muchos consideran que sólo se trataría de un problema localizado en algunas zonas contaminadas. Esto implicaría, según los expertos, que no significaría una alteración de la temperatura promedio de todo el planeta, sino solamente en aquellas zonas que padecen el oscurecimiento.

Matilde Rusticucci, meteoróloga, doctora y profesora en Ciencias de la Atmósfera de la UBA coincide con este parecer y asegura: "A nivel global no es tan significativo. Puede disminuir la temperatura en una ciudad muy contaminada por el tráfico aéreo, pero no afecta el cambio climático global". Rusticucci sostiene que los efectos del calentamiento no se estarían contrarrestando: "Los gases de combustión que emiten los aviones pueden tener el mismo efecto en la atmósfera que el que emiten los volcanes cuando entran en erupción y pese a que dos o tres volcanes han logrado bajar la temperatura de grandes regiones, nunca un volcán bajó la temperatura promedio de todo el mundo".

Sin embargo, muchos científicos sostienen que este problema debe tenerse en cuenta en las agendas de los organismos encargados de regular la contaminación ambiental porque provocaría daños irreparables en la salud de las personas, además de perturbar el medio ambiente de las regiones afectadas, que hasta el momento se sabe que son algunas ciudades de Europa y Asia.

"Los gases contaminantes, que están causando el oscurecimiento global, generan un alto riesgo en la salud humana porque están empeorando la calidad del aire. Eso amenaza el sistema respiratorio e incrementará seguramente el cáncer de pulmón y en menor escala también afecta al clima", informa David Travis, uno de los creadores de la teoría del oscurecimiento global, vía mail, a Clarín.com.

La forma de Travis para demostrar su teoría del oscurecimiento global fue más que particular: El día después de los atentados al World Trade Center, cuando ningún avión sobrevolaba el cielo estadounidense por cuestiones de seguridad, realizó mediciones meteorológicas y comprobó que la temperatura promedio del 12 de septiembre de 2001 en Estados Unidos aumentó, sin razón aparente, un grado. En los días siguientes, cuando se reinició la rutina habitual de los vuelos, la temperatura promedio descendió exactamente un grado.

Conclusión: sin los efluentes de combustión que provocan el denominado oscurecimiento global y su consecuente restricción al paso de la radiación solar, el calentamiento global se aceleraría velozmente. ¿La consecuencia de esta teoría? Si por unos días que aviones dejaron de volar, el cielo se "despeja" de los gases", deja pasar más radiación solar, y sube un grado la temperatura, entonces la "capa" de partículas del "global dimming" no sería tan mala.

¿Peligroso?

Mario Núñez, investigador superior del CONICET y director del CIMA (Centro de Investigación del Mar y la Atmósfera) no está de acuerdo: "Lo que ocurre es que los gases tienen una permanencia en la atmósfera muy larga mientras que el material particulado dura poco. Por lo tanto, lo que prevalece es el efecto de calentamiento global. Las observaciones de temperaturas del planeta indican que viene en un continuo aumento".

Miguel Angel Ryndycz, Ingeniero Químico especialista en hidrocarburos, afirma que además de los efectos cancerígenos que podrían producir las partículas que se vuelcan a la atmósfera, se está poniendo al clima global en una condición de inestabilidad creciente. "Si en un día de no operación de vuelos comerciales en Estados Unidos se generó un cambio meteorológicamente detectable en el clima y con entidad estadística para miembros de la comunidad científica, es fácil entender que, en caso de supresión repentina y masiva de la emisión de material particulado, estaríamos frente a un fenómeno de magnitud mayor, con posible amplificación en lo inmediato en los efectos del calentamiento global. La comunidad científica nos está poniendo en alerta algo que es difícil de pronosticar por ser un fenómeno de escala global y que ha sido descubierto hace poco. "

Ryndycz agrega: "Parecen ser dos grandes fuerzas tirando en direcciones opuestas. En el balance está prevaleciendo el calentamiento global porque sus efectos son evidentemente mayores, pero nadie había considerado la posibilidad de que su avance sea lento porque otro fenómeno asociado, también nocivo, lo podría estar inhibiendo parcialmente".

Para los dos ingenieros el desafío futuro tal vez consista en hallar la forma de reducir lo más rápido posible el vuelco de dióxido de carbono a la atmósfera, que es nocivo y que es la causa principal del calentamiento global, de un modo sostenible, pero cuidando de no generar desequilibrios vinculados al fenómeno de global dimming . La razón para hacerlo no es más ni menos que no exponer a la humanidad a un cambio drástico de la temperatura.
Por su lado, Travis : "La idea de no limpiar rápidamente la pobre calidad del aire porque podría reducir la descompensación de los gases del efecto invernadero no me parece adecuada. No podemos tratar de resolver un problema, permitiendo que continúe otro".

Mientras se debate si los efectos se estarían contrarrestando o no, en el imaginario colectivo el clima seguirá siendo esa especie de ser caprichoso, que se encuentra obstinado en arruinar los planes de todos los seres vivientes. "El tiempo se volvió loco", repiten miles de personas diariamente en un intento de justificar su disparatado comportamiento.

Su conducta se ha tornado impredecible. Algunos fenómenos meteorológicos, como por ejemplo, la cantidad y la frecuencia de las precipitaciones, se están alterando. También ha habido fuertes oleadas de calor, como por ejemplo, las que aparentemente causaron en el 2003 la muerte de 15.000 personas en Francia y 20.000 en Italia. Además de sequías, escasez de agua potable y la extensión de enfermedades tropicales a regiones alejadas de los trópicos, como ha sido el dengue en el norte argentino. Pero lógicamente el motivo de todos esos cambios, no se debe a un brote de locura, si no a los daños que ha ocasionado el hombre en el medio ambiente, sumados a los ciclos naturales, que han producido el oscurecimiento y el calentamiento, sean estos efectos locales o globales, que se contrarresten o no. Porque en definitiva, o es un pésimo remedio para una grave enfermedad, o son dos enfermedades de diferentes dimensiones.